Flor de Lis

Una faceta importante en un interiorista es la habilidad de adaptar un espacio a cada cliente, tanto a su personalidad como a sus gustos y necesidades. En este caso, en el restaurante Flor de Lis, en el barrio de Santa Catalina, ha sido necesario dar un cambio radical al local para llegar a transmitir la esencia del negocio: un restaurante con una cocina exquisita y unas propietarias que derrochan energía y buenas vibraciones. Todo ello con un presupuesto muy ajustado.

El principal cometido ha sido obtener mayor luminosidad. Para lograrlo, recurrir a tonos claros siempre es una buena solución. Podemos ver que las paredes, el techo y las vigas han sido pintados de color blanco para aportar amplitud y reflejar la luz en la mayor medida posible.

Otra necesidad era la de reflejar esa energía y esa fuerza tan propias de un restaurante como el Flor de Lis. La aparición de tonos rosas y ocres junto a la presencia de la madera responden a esta necesidad. Este factor, sumado a la luz cálida que fluye de las lámparas dan lugar a un ambiente acogedor, cálido y agradable que transmite la energía que se estaba buscando.

También podemos observar en ciertos elementos decorativos un aire hinduista: los tapices, las lámparas colocadas en lo alto de la barra, los azulejos, los taburetes…  todos estos componentes le dan una pizca de exotismo y espiritualidad al ambiente.

La suma de todos estos factores han dado lugar a un local amplio, acogedor, cálido y elegante que desprende energía por sus rincones.

Virginia Pérez
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